La consigna era clara, tenía que escribir un texto narrativo, que cuente una primera vez de un personaje, en relación con un objeto, que en este caso era “pelota”. Como punto de partida contaba con un campo semántico, conformado por verbos, adverbios, adjetivos, sustantivos y hasta preguntas, relacionados con el objeto en cuestión. Estas palabras cumplían la función de ayudar a disparar la creatividad en la misión de construir la narración.
El primer paso a seguir según mi lógica propia, consistía en pensar en un personaje y en cual sería esa primera vez del mismo; primera vez respecto a qué ¿Haciendo qué cosa? Teniendo el objeto “pelota” como disparador, lo primero que pensé fue en el fútbol. Luego pensé en qué podía ser lo mas representativo del fútbol, aquello acerca de lo cual narrar una primera vez. No tuve que pensar mucho, inmediatamente se me vino a la cabeza la imagen de un gol ¿Qué es más ilustrativo del fútbol que un gol? Pero aquí se me presentó un nuevo desafío. El gol es algo muy común en el fútbol, y si dedicaba mi texto a narrar el primer gol de un jugador sería un relato insulso y vacío. Fue por eso que decidí darle relevancia a la construcción del personaje, para mostrar así cuanta importancia tenía para él esa primera vez, ese primer gol. Instantáneamente recordé aquel personaje del humorista Luis Rubio, llamado Eber Ludueña: un defensor rústico que se dedicaba más a golpear rivales que a anotar goles. Pensé que mi personaje debía tener esa característica, pero le modifique el aspecto humorístico que tiene Eber por uno más pasional, demostrando el sacrificio que hacía por su profesión y por su equipo. Por eso decidí narrar la historia del primer gol del personaje, gol que llega en el ocaso de su carrera, y que es de suma importancia para el club de sus amores.
Una vez que ya tenía un personaje y un argumento, debía proseguir a construir el relato. Para eso necesitaba un narrador. Creí que lo mejor en este caso era que el narrador fuese externo, un observador de la historia, un testigo de la hazaña del personaje. También decidí dedicar el primer párrafo a la construcción del narrador, mediante la descripción de un ambiente que despierta recuerdos en él, y le suscita la historia que luego va a narrar.
En cuanto a los nombres (de personajes, clubes, etc.) su elección fue totalmente azarosa. No me basé en nada en especial para elegirlos, simplemente escribí lo primero que se cruzó por mi cabeza. Lo único intencional ahí fue buscar algún club de las categorías menores del fútbol argentino, ubicado dentro de la Ciudad de Buenos Aires.
Finalmente, algo en lo que procuré hacer énfasis fue en el toque emotivo del relato. Tanto en las descripciones como en la contextualización, siempre quise dejar explicitado lo que esa primera vez significaba para el personaje, la importancia que tenía para él convertir su primer gol queda evidenciada no solo en lo que despierta en él, sino también en la reacción de los demás.
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