Caminando por las calles del barrio de Libertad, es imposible no detenerse por un instante a admirar el estadio Ferrocarril Midland. De por sí la imagen no es imponente; es un estadio precario, como la gran mayoría de los de los clubes que militan en la cuarta categoría del fútbol argentino. Sin embargo, sus gradas de madera, carteles publicitarios que sobreviven al tiempo y ese pasto color amarillento producto del maltrato del clima, despiertan en uno la nostalgia y la admiración por ese fútbol de potrero, la esencia de ese deporte, disputado por la pasión, y alejado de los grandes negociados actuales que dominan la escena deportiva, y más precisamente, la industria del fútbol.
Pero para un conocedor y fanático del deporte argentino, cada uno de estos estadios del conurbano bonaerense le suscita emociones e historias variadas. En este caso particular rápidamente se me viene a la mente la imagen del gol de Walter Negretti, aquel 12 de mayo de 1985. Walter jugó toda su carrera en el Club Atlético Ferrocarril Midland. Debutó en el primer equipo con 23 años, una edad bastante avanzada como para comenzar una carrera en el fútbol moderno. Esto seguramente se debió a su falta de talento natural para practicar el deporte. Walter se desempeñaba como defensor derecho, un clásico “lateral”, pero no de los que avanzan por el carril desbordando a los rivales y alimentando al área rival de centros, sino que su juego se caracterizaba por la “garra” y el sacrificio a la hora de marcar; el área contraria era territorio desconocido para él. Su nombre no aparecía en las planillas gracias a goles y asistencias, sino más bien a amonestaciones y expulsiones. No es casualidad que en sus 12 años como titular en el club haya marcado un solo gol.
Pero para aquel 12 de mayo el contador de Walter todavía estaba en cero. Ya había cumplido los 35 años y había anunciado que se alejaría de las canchas al término del campeonato. A falta de dos fechas Atlanta ya se había consagrado campeón, consiguiendo así el ascenso directo a la Primera B. Sin embargo, Midland seguía con posibilidades de clasificar a jugar la promoción, para buscar el ascenso. Esa tarde se jugaba un clásico: Leandro N. Alem visitaba el estadio Ferrocarril Midland. De conseguir la victoria el equipo local se aseguraba el boleto para disputar la promoción. Walter salió a la cancha con el brazalete de capitán en su brazo izquierdo, como había ocurrido en los últimos encuentros, premiando así la trayectoria de un jugador muy importante para el club. Como era costumbre, arrancó el partido recostado en el sector derecho del campo, limitándose a sus tareas defensivas. El partido estaba muy trabado, a los dos equipos les costaba generar situaciones de gol en los arcos rivales, y la presión de la gente aumentaba el nerviosismo de los jugadores dentro de la cancha. El marco era imponente, los seguidores más fieles del conjunto visitante se habían hecho presentes, mientras que el local convocó tanta gente que apenas había lugar para colgar las banderas. El primer tiempo terminó igualado, recuerdo ver a los jugadores retirándose exhaustos a los vestuarios para el descanso. Pero a pesar del cansancio, recuerdo escuchar a Negretti arengando a sus compañeros y explicándoles su visión del partido.
El segundo tiempo comenzó igual que el primero, se asemejaba más a un campo de batalla que a un partido de fútbol. Iban treinta minutos del segundo tiempo cuando la joven promesa de Midland Gastón Firpo agarró la pelota y empezó a escalar por la banda izquierda. Con una combinación de habilidad y velocidad fue dejando en el camino a los rivales cual si fueran postes de luz. Firpo estaba por ingresar al área contraria; el remate se imponía. Sin embargo, cruzó la pelota de manera tal que parecía ser que tenía un guante en lugar de su botín izquierdo. A toda velocidad por la otra orilla venia arremetiendo Walter Negretti como si fuese una locomotora que se había desviado del Ferrocarril Midland para ingresar al campo de juego. Cuando Walter vio que la pelota iba a caer cortando su trayectoria, se pudo advertir en la tribuna un grito eufórico que indicaba “¡Pegale como viene!”. Nose si Negretti escuchó a ese fanático o si se armó de coraje por sí solo, pero la cuestión es que el jugador estiró su pierna derecha para atrás como si estuviera cargando un flecha, y en el momento que llegó la pelota a su ubicación en la puerta del área le hundió el empeine en la válvula de aire con todas sus fuerzas, lo que provocó que el esférico saliera recto hacia la portería y se metiera arriba, junto al palo más lejano del arquero. La gente no lo podía creer, Walter menos. Del silencio generalizado se pasó a la euforia máxima, el estadio rugió un grito de gol que se debe haber escuchado hasta en las localidades vecinas. Los compañeros corrieron todos a abrazar a Walter y felicitarlo por su magnífica definición.
El partido terminó 1 a 0, era el primer gol de Walter Negretti, justo cuando su carrera estaba llegando a su punto final. Es un gol que ni él ni ningún hincha de Midland olvidará jamás; un gol en el clásico y que le dio la posibilidad de jugar la promoción. Midland perdió luego la promoción contra Tigre, siendo aquel el último partido de Negretti, pero a pesar de no haber logrado el ascenso, nunca olvidará su primer y único gol, una jugada digna de ser retratada.
grande walter!! muy bueno che, que onda con ferrocarril midland? sos hincha? como se te ocurrio? un saliudoo
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